martes, 13 de noviembre de 2007

La Literatura Oral en los Municipios



TEPECOYO Departamento de La Libertad


E
n idioma náhuat según el historiador Jorge Lardé Y Larín, Tepecoyo significa “Camino de coyoles y Cerros”, en el entendido que dicho nombre se formó de las voces Tepec: cerro; coyol o corazón de un palmáceo. Otros estudiosos de la historia de los pueblos de El Salvador consideran que este vocablo significa “Cerro de Los Coyotes”

Esta población es de fundación muy anterior al advenimiento del cristianismo a estas latitudes; en sus primeros tiempos fue habitada por tribus Yaquis o Pipiles. El nombre que originalmente le asignaron los conquistadores españoles a esta población, fue San Esteban Tepecoyo; pero con el paso de los años fue desapareciendo el primero y en la actualidad solamente se le conoce como Tepecoyo.

Tepecoyo obtuvo el título de villa el 19 de Julio de 1858. actualmente es un municipio del departamento de La Libertad. Limita con los municipios de Armenia, Sacacoyo, Jayaque, Teotepeque, Santa Isabel Ishuatán y San Julián.

La base económica del lugar la constituye la agricultura; se cultivan granos básicos como el maíz, fríjol, arroz, y café; también se producen en pequeña escala algunas hortalizas y cítricos.

Administrativamente esta población se divide en diez cantones: El Carrizo; El Guamo, El Mojón, Zacamil, La Javía, Las Flores, Los Alpes, Los Laureles, San Antonio Y Tierra Colorada. Estos cantones a su vez están divididos en quince caseríos.

La Villa de Tepecoyo celebra sus fiestas patronales del 1º. Al 6 de enero en honor a San Esteban Protomártir. Además de esta festividad, el 22 de julio se celebra una centenaria tradición llamada “Visita de los Cumpas” la cual consiste en hacer y recibir la visita de los santos patronos de Cuisnáhuat y Jayaque.





Muestra de Literatura Oral
“El Cerro de Minas”
“Contaban los ancianos que en cierta oportunidad venía hacia el pueblo una bandada de ladrones; llegó la noticia aquí al pueblo que venían y el sacerdote ordenó que hicieran una fosa muy honda para que metieran todas las cosas de valor que habían en la iglesia. ..

Allá cuando ya había pasado la bulla y los ladrones no llegaron a este lugar, el sacerdote ordenó que sacaran las cosas que habían enterrado, pero resultó que todas las cosas ya no estaban donde las habían dejado. Dicen que el encanto del Cerro de Minas se las había llevado; pues las personas que vivían cerca del cerro dicen que escuchaban a las doce del día, el sonar de una campanita muy fina como la que tocaba el sacristán en las misas, la misma que enterraron con las otras cosas de la iglesia el día que iban a llegar los ladrones al pueblo”Informante: Francisco Reyes. Tepecoyo, La Libertad.

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